Siendo todo, éramos nada y yo quería formar parte de su nada comprimida en todo.
Asi que me escurrí entre sus pensamientos y sin llegar a un exceso lo fui confundiendo.
De repente y sin que fuera inconveniente, estaba yo, ya latente al capricho de mi corazón, para mi, mi gran confusión.
La necesidad me llego de decirle cuanto hasta ese momento ya lo quería yo.
Y... Sin pena alguna le dije toda mi intención de querer a su corazón.
Él accedió.
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